POLEMICA RESTAURACION DE LA CATEDRAL DE TORTOSA.

La vista panorámica sobre Tortosa desde la punta del Diamant del Castillo de la Suda, con los tres puentes sobre el Ebro en el centro, es uno de los paisajes urbanos más cualificados que se pueden ver en Catalunya. En primer término se ofrece la magnífica perspectiva de la cubierta de la Catedral con todo el desplegamiento de su ábside de doble girola que solamente se encuentra en las Catedrales de París, Toledo i Granada.

La bella i clásica perspectiva del nombrado ábside ha estado cambiado recientemente con la eliminación del tejado que cubría las naves central y laterales por un terrado moderno de cubierta invertida. Las pendientes suaves de les tejas rojizas que, con su apiradamiento culminaban el movimiento ascendente i escalonado de toda la catedral, se ven ahora aplanadas i chafadas por terrados blanquinosos de planos horizontales nuevos, los cuales, como espejos reflejan la luz del sol, deslumbran i desvirtúan lo que era una imagen magnífica de integración del tejado catedralicio con el resto de la ciudad, todo harmonizado por los colores rojizos de los tejados.


Pese que la cubierta original de la Catedral fuese plana, nunca aprenderemos bastante a respectar la personalidad y la autenticidad histórica de los monumentos, viendo la evolución de su sistema de cubrimiento, una vez empezaron las goteras a ser un problema grave de mantenimiento, se solucionó, en el siglo XVIII, con la sobreposición de unas cubiertas inclinadas de teja árabe como ocurrió en la mayor parte de catedrales catalanas.

La recuperación del valor original de la cubierta plana ha estado la justificación de la reciente intervención, consistente en la destrucción de la conformación histórico que la evolución del monumento había experimentado; evolución que otorgaba unos valores propios que enriquecen la Catedral y configuraba la memoria colectiva del pueblo al que identifica en la su imagen integral i completa. La inhibición por los colores y la sobrevaloración de les composiciones abstractas que la arquitectura moderna ha sometido a los arquitectos, pesa como una losa de plomo sobre los restauradores, impidiéndolos respectar la personalidad histórica de los edificios a restaurar, imponiendo demasiado libremente su interpretación subjetiva sobre monumentos que ya están perfectamente acabados y completos y que no necesitan más que respeto a su integridad y imagen.

Esta actuación criticable que se observa desde fuera estando de la Catedral, en cambio, se convierte en reconocimiento a la realizada en su interior, a la Capella de la Cinta. Este magnífico ejemplo del barroco “tortosí” ha estado restaurado en todo su esplendor. Solamente, la restauración excesiva de les escultures de yeso de la fachada de entrada a la capilla y su excesiva iluminación - mal general de nuestros templos -, desentonan esta actuación, por otro lado, también ejemplar en por lo que respecta a la forma en que ha estado publicitada.

La magnífica fachada barroca de la Catedral que actualmente es apreciada i valorada gracias a la visión cercana i dinámica es posible observar desde abajo i recorriendo el trazado de la calle Creuarà que pasa a sus pies, resalta mas la importancia de este barroco monumental inacabado, entre otras razones, por imposiciones de rasante militar.
La fachada barroca de la Catedral fue echa para ser vista desde debajo y caminando en continuidad por la calle Cruera, para facilitar una evolución continua de perspectivas en una visión totalmente barroca i dinámica, cinematográfica diríamos hoy en día.

 


La idea, tantas veces formulada y que actualmente el Ayuntamiento propicia, de derrumbar la semi-isla de cases delanteras pegadas al Palau del Bisbe (Palacio del Obispo), para conseguir una vista de la fachada de la Catedral des del río, repetiría los errores cometidos desde el siglo XIX a muchas ciudades, en aislar los monumentos como si fuesen monas de Pascua, destruyendo su integración urbana, testimonio histórico fundamental para poder comprender sus valores originales. La visión lejana y frontal es una concepción renacentista que produjo buenas soluciones cuando fueron aplicadas desde el inicio y con talento, pero mantenidas hoy en día, como es el caso de nuestro frente de la Catedral, responde a visiones poco aceptadas a principios del siglo XXI donde las exigencias conservacionistas comienzan a valorarse como les únicas civilizadas correctas.
Al derrumbar las cases delanteras y facilitar la contemplación de la fachada de la Catedral, además de cambiar les proporciones de la misma fachada desmonumentalitzarla, empobrecer su contemplación al aplanar en una visión frontal los diferentes planos de profundidad y los diversos relieves que la conforman.

 


Por último queremos resaltar la substitución del antiguo claustro por un jardín moderno, donde antes había un brocal rodeado de magníficos cedros con cuatro caminos que llevaban hasta el pozo, ahora estos han estado convertidos en una fuente y los árboles han estado arrasados, así como el resta de vegetación que han convertido en un jardín con césped.

Esta restauración se hizo con un gran secretismo, a diferencia de otras restauraciones dentro de la catedral y mientras se hacían las obras de “restauración” se mantuvo cerrado el claustro. Los tres grandes cedros de Líbano que calificaban tan admirablemente el jardín del claustro, juntamente con la vegetación que acompañaba, se tuvieron que quitar sin justificación del arquitecto restaurador porque unos especialistas hicieron un informe técnico conforme estaban condenados a muerte por una enfermedad.
Casi todos los capiteles, basamentos y columnas del claustro fueron substituidos porque tenían desperfectos y algunos tenían agujeros excavados a consecuencia de una antigua reja que había cerrado el claustro, pese a que muchas de estos desperfectos se hubieran podido restaurar con mortero de reintegración. Los capiteles estaban hechos con tanta poca gracia que parecen a primera vista de hormigón, aunque que sean de la misma piedra que había, debido a que el picapedrero no ha sabido dejar la maña de sus herramientas. Hay un gran contraste entre el carácter del antiguo claustro sombrío, fresco, misterioso, silencioso i apacible frente el nuevo claustro todo luminoso, que permite valorar los contrafuertes de la nave lateral, pero conla miseria de césped uniforme y vulgar y una fuente ridícula de nuevos ricos.