EL DEBATE DE LAS TRES
CHIMENEAS
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ESCRITORES, URBANISTAS Y PAISAJISTAS OPINAN SOBRE LA CONSERVACIÓN
DE LA TÉRMICA
Los ciudadanos de Sant Adrià decidirán en enero si conservan
o no la térmica de las tres chimeneas, si la convierten en equipamiento
o si la echan abajo y levantan pisos en su lugar cuando deje de funcionar
en el 2010. Pero el debate supera los límites del municipio. Las
Tres Marías, como las bautizaron los obreros que las erigieron
a principios de los setenta, son parte del horizonte metropolitano, un
símbolo, ¿o sólo restos de un sucio pasado que merece
la pena olvidar?
Según SalvadorTarragó, presidente de SOS Monuments, “deberían
conservarse por su valor monumental. Son una muestra de arqueología
industrial, la Sagrada Família de la electricidad, bella en su
funcionalidad y un icono del litoral metropolitano que nos habla del modo
de hacer de una época. Son historia. Además, está
integrada en el paisaje. Las tres torres son una excelente compañera
de la gran pérgola fotovoltaica y del resto de las construcciones
del Fòrum”.
“La destrucción de nuestro patrimonio industrial ha sido
brutal –agrega el urbanista Lluís Brau–. En Alemania,
las viejas fábricas se transforman en equipamientos, y aquí
no podemos perder más pedazos de nuestra historia después
de lo sucedido con Can Ricart”. Manel Ribas Piera, fundador de los
cursos de paisajismo de la Universitat Politècnica de Catalunya
y profesor emérito de la de Barcelona, también apoya el
reciclaje de las tres torres. “Son estructuras de cemento racionales,
muy aplomadas, más interesantes que cierta arquitectura moderna
que tanto se aprecia hoy en día”.
“Además, Sant Adrià necesita elementos aglutinadores
–dice Josep Maria Montferrer, de la Plataforma de Entidades del
Barrio de la Mina–. La ciudad está creciendo mucho demográficamente.
Pero no tenemos un equipo de fútbol o de baloncesto interesante.
No tenemos nada que represente el orgullo de ser adrianense, y creo que
las tres torres podrían tener ese papel. Deberían transformarse
en un gran equipamiento ciudadano”.
Pero la propietaria, Endesa, dice que la central no tiene ningún
valor más allá del productivo, y que cuando construya una
unidad de ciclos combinados, más ecológica, las tres chimeneas
no serán más que una instalación obsoleta que derruir.
Además, su jubilación abriría la puerta a la recalificación
de un cuarto de millón de metros cuadrados industriales en residenciales
en el litoral. Unos cien mil son de Endesa, que prefiere una gestión
menos nostálgica de su patrimonio.
Y Endesa no está sola en su negativa a monumentalizar la térmica.
Centenares de adrianenses
anónimos también están por la demolición.
Para ellos, las chimeneas son el origen de la lluvia negra que tantas
veces arruinó sus coladas y la carrocería de sus coches.
Sólo representan la época en que Sant Adrià era el
trastero de Barcelona. “Por mí pueden tirarlas –dice
el escritor badalonés Julià de Jòdar, premio Sant
Jordi de literatura y oriundo del barrio del Progrès, a tiro de
piedra de las chimeneas–. No tienen valor. No son hermosas como
las del Poble Sec. Me inclinaría por recuperar el paisaje mediterráneo
clásico, aunque como están las cosas parece complicado”.
Articulo de Luis Benvenuty publicado en La Vanguardia el dia 18 de Junio
del 2006
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