Manifiesto a favor del Patrimonio Histórico de Lorca.

La construcción de una instalación hotelera dentro del castillo de Lorca, desatendiendo las recomendaciones de organismos internacionales y las disposiciones vigentes en materia de protección del patrimonio histórico, ha indignado a una parte sustancial de la sociedad lorquina que ya hizo oír su voz contraria cuando hace años se anunciaron las obras. Con el pretexto del interés general, de la expansión económica y de la modernización de Lorca, se viene procediendo en los últimos años a la destrucción ignorante de importantes restos arqueológicos, a la pérdida del patrimonio inmueble que caracterizó a Lorca durante centurias, y a la degradación irreversible del paisaje histórico de nuestra ciudad, amenazado hoy seriamente por una actividad constructiva arrolladora y de corte especulativo. Estos atentados contra el patrimonio histórico, que aparentemente no acarrean pérdidas económicas para la población que los sufre, sí producen, sin embargo, perturbaciones sociales por cuanto los conjuntos históricos y sus monumentos, y la historia que emana de ellos, forman parte cotidiana de nuestro vivir y deben seguir formándola en el futuro. Su presencia vivifica el pasado y lo funde con el presente mostrando la riqueza y la variedad de las manifestaciones sociales, religiosas y culturales que se han dado cita en nuestro entorno urbano a lo largo del tiempo. Así lo reconoce de modo general la UNESCO cuando en sus recomendaciones para la conservación de los conjuntos históricos dice que éstos deberían ser protegidos activamente contra su uso inapropiado, contra cualquier aditamento y contra transformaciones abusivas o desprovistas de sensibilidad, instando a arquitectos y a urbanistas a que procuren que la vista de los monumentos y conjuntos en los que se integran, así como lo que desde ellos se atalaya, no se deteriore, y a que su conciliación con la vida contemporánea se lleve a cabo de modo armonioso.

A día de hoy hay que lamentar que muchas de las disposiciones legales españolas para la defensa, conservación y fomento del patrimonio histórico no sólo no se hayan cumplido con el rigor que exige esta materia, sino que se han vulnerado claramente con acciones negligentes y omisiones casi delictivas. La desidia de unos ha conllevado la desatención generalizada de otros, siendo prueba de todo esto, por poner casos cercanos, los numerosos atentados cometidos en los últimos años contra el patrimonio de Lorca y contra el de otras muchas ciudades de nuestra región, como Cartagena y Murcia. Todos, ante la pasividad de los gobiernos municipales y regional, han quedado impunes o simplemente no se han contemplado como tales.

Lorca ha experimentado en los últimos 20 años una notable transformación económica y social que no ha corrido paralela con el respeto debido al importante legado histórico que atesoraba. De modo interesado y torticero, se ha presentado ese legado como un lastre para el desarrollo de la ciudad y sus habitantes, y se ha justificado cada nefasta actuación contra él acudiendo a un proceso de modernización cuya primera y necesaria premisa parecía ser la de dar la espalda a todo cuanto significara el pasado. En ese contexto ideológico se explica mejor la lamentable destrucción del casco urbano de Lorca, que se iniciaba desde casi el mismo momento en que fue declarado, en 1964, conjunto históricoartístico.

Hay que reconocer que en las últimas décadas la acción de la administración pública en Lorca ha permitido conservar, renovar y en ocasiones dar nuevo uso a edificios significativos. También es cierto que la recuperación de patrimonio mueble es notable. Pero no es menos cierto que multitud de edificios de menor significado, pero indispensables para la conservación del paisaje histórico de la ciudad, elemento característico de todo conjunto histórico-artístico, no solamente no han gozado de protección alguna sino que se han visto alterados de modo innecesario y poco adecuado, o incluso se han derribado sin la menor contemplación aduciendo ruinas que algunas veces podrían ser discutibles. Por ello, el recinto que en 1964 fue señalado como de especial protección se encuentra hoy extraordinariamente mermado por la sustitución, poco o nada controlada, de viejas edificaciones y la alteración parcial de otras cuyas peculiaridades constructivas se han desvirtuado de modo casi irreparable.
Ejemplo bochornoso de esas alteraciones es el propio edificio del Ayuntamiento, remodelado en todo aquello que no era la fachada principaly del que se han eliminado, incluso, algunos elementos constructivos y de mobiliario de relevante interés, alterando además profundamente su entorno. Actuaciones poco afortunadas, llevadas a cabo curiosamente también por la administración local, han afectado de manera evidente, y casi siempre de modo irreversible, a edificios o entornos de especial significado, como el recinto del castillo de Lorca, la antigua iglesia de la Merced, las calles Selgas, Cava y Álamo, la ermita de la Virgen de la Peña, el conjunto de ermitas del Calvario, así como multitud de plazas y recorridos urbanos que hoy han perdido cualquier atisbo de interés o autenticidad.