CASTILLO DE LORCA.
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La construcción del Parador de Turismo dentro
del recinto del castillo supone la culminación para Lorca de
lo que ya venía pasando en años anteriores: las administraciones
públicas, que debieran dar ejemplo de respeto para con el patrimonio
histórico y natural de las ciudades y su términos municipales,
se han venido a convertir en las mayores depredadoras de ese patrimonio
con la invocación permanente del interés general; y sin
embargo, para el ciudadano, aplican con rigor los preceptos recogidos
en nuestras leyes.
Aunque se podrían citar muchos ejemplos en Lorca de calles emblemáticas
que han perdido por completo su carácter, o de edificios significativos
que han desaparecido inexplicablemente, el caso más palmario
de estas actuaciones vino a ser el del Ayuntamiento. Haciendo caso omiso
de las resoluciones de la Consejería de Cultura que obligaban
a la conservación de las dos primeras crujías del edificio,
no sólo se alteró por completo su interior, viéndose
afectado también el exterior, sino que se eliminaron elementos
muebles de cierta consideración (escalera de mármol con
barandal de forja, puertas de acceso al antiguo salón de plenos
con heráldica municipal y real, mobiliario de finales del siglo
XIX, etc.). El resultado final afecta incluso a la contemplación
del edificio que desde algunos ángulos ofrece elementos distorsionadores.
Esta y otras actuaciones, criticables por los criterios equivocados
que se emplean para la recuperación del patrimonio, han hecho
que desde hace bastantes años se vayan alzando voces aisladas
que han señalado puntualmente los desmanes cometidos. Sin embargo,
la gota que ha colmado el vaso, lo que ha hecho que se tomara conciencia
de los atentados contra el patrimonio, esa ha sido la construcción
del Parador de Turismo. Las primeras voces de protesta surgieron desde
el mismo momento en que se presentó el proyecto. Entonces se
nos desautorizó diciendo que se iban a respetar los restos arqueológicos
que apareciesen y que la obra iba a tener un impacto mínimo en
la contemplación del monumento. Cuando poco después se
intentó arrasar buena parte del yacimiento arqueológico,
otras voces se sumaron a los que ya estábamos convencidos de
que aquello no tenía buena pinta. Y el resto de los que esperaban
que la administración regional cumpliera sus promesas, se han
sumado a las protestas cuando han visto el volumen desmesurado que alcanzan
hoy las obras. Y hay que seguir recordando que todavía no hemos
visto ni el 50% del total del inmueble. Cuando se levante la parte que
aún queda por construir estoy seguro que muchas voces más
se alzarán contra las obras.
Mientras tanto, y para aplacar las voces contrarias, se han soportado
mentiras reiteradas, como por ejemplo la muy repetida frase de que Paradores
había exigido que su hotel se construyera dentro del castillo.
Desde el año 1996 se sabía que Paradores tenía
la intención de construir en las inmediaciones del castillo,
algo que por cierto sigue apareciendo en la página web de la
cadena cuando hablan de las próximas aperturas de establecimientos.
La decisión de construirlo dentro del castillo fue una apuesta
personal del alcalde de Lorca que fue acogida rápidamente por
la cadena hotelera. Se han lanzado otras mentiras, tales como que el
Parador iba a crear 160 puestos de trabajo, cuando en realidad los que
tiene previsto crear son 60 y de ellos es posible que en Lorca no redunden
ni la mitad.
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Que ya es demasiado tarde para protestar o que tendremos que acostumbrarnos
a la visión del Parador sobre el castillo, son los argumentos
esgrimidos por los que intentan desarticular la protesta y desanimar
a los que pensamos de modo diferente. Para ello han lanzado recientemente
una estrategia que fraccione a los que no estamos de acuerdo con la
ubicación del Parador. Primero éramos los cuatro locos
de siempre; después un grupo de arqueólogos e intelectuales
de medio pelo radicalizados; y a última hora somos un amplio
grupo (aunque algunos insisten en pensar que somos un minigrupo) manejado
por comunistas que nos quieren llevar al
infierno. Lo cierto es que las protestas se están generalizando
cada día más y yo sólo veo personas unidas por
una idea: no nos acostumbramos a lo que está pasando con el castillo
de Lorca. Como no hay una cabeza visible ni nadie contra el que arremeter,
han necesitado poner etiquetas y han clasificado a los manifestantes
en tres grupos: los comunistas de siempre, los rebotados de otros partidos
y los ciudadanos de buena fe. Y yo, que por mandato constitucional ni
prejuzgo ni juzgo ideologías o creencias, sigo viendo en nosotros
lo mismo que antes veía: un grupo de ciudadanos hartos de lo
que está pasando y que no nos acostumbramos, ni nos vamos a acostumbrar,
a ver el Parador sobre el castillo de Lorca, a ver transformada la Plaza
de España en una "plaza dura" o a ver cómo desaparecen
los valores ambientales ypaisajísticos de las costas y las ciudades
murcianas. Sin duda la frase más tremenda sobre la construcción
del Parador fue la dicha por el alcalde de Lorca: "Los lorquinos
tendremos que acostumbrarnos a la visión del Parador en el Castillo."
Y la pregunta que surge es obvia: ¿Por qué tendríamos
que acostumbrarnos si se hubieran cumplido las promesas de que la construcción
iba a tener un impacto mínimo en la contemplación de la
fortaleza? ¿A qué es a lo que hay que acostumbrarse ahora?
Pues no nos acostumbramos al Parador sobre el castillo porque estéticamente
es un espanto, porque la más elemental ética, esa parte
de la filosofía que trata de la moral y de las obligaciones del
ser humano, nos dice que no es posible que se esté tratando de
modo tan irrespetuoso el patrimonio histórico-artístico,
y porque legalmente su construcción y su ubicación podrían
ser dudosas. Si contemplamos en conjunto la Ley 16/1985 del Patrimonio
Histórico Español, ésta está hecha para
proteger, fomentar y favorecer el disfrute de todos los bienes que quedan
bajo su protección, sean muebles o inmuebles. Ese es el espíritu
general de la ley. Es posible que en su articulado encontremos muchos
resquicios por los que se pueden colar los aspectos legales en los que
dicen que se fundamenta la construcción del Parador dentro del
recinto del castillo de Lorca, pero conviene ahora que recordemos solamente
dos de esos preceptos, contenidos en los artículos 4 y 19 de
la ley, que deberían haber bastado para que no se tomaran resoluciones
que a todas luces parecen injustas.
El artículo 4 se expresa así:
“A los efectos de la presente ley se entiende por expoliación
toda acción u omisión que ponga en peligro de pérdida
o destrucción todos o algunos de los valores de los bienes que
integran el Patrimonio Histórico Español o perturbe el
cumplimiento de su función social.”
Y el artículo 19 dice lo siguiente: “En los Monumentos
declarados Bienes de Interés Cultural no podrá
realizarse obra interior o exterior que afecte directamente al inmueble
o a cualquiera de su partes integrantes o pertenencias sin autorización
expresa de los organismos competentes para la ejecución de esta
Ley. ... 3. Queda prohibida la colocación de publicidad comercial
y de cualquier clase de
cables, antenas y conducciones aparentes en los Jardines Históricos
y en las fachadas y cubiertas de los Monumentos declarados de interés
cultural. Se prohibe también toda construcción que altere
el carácter de los inmuebles a que hace referencia este artículo
o perturbe su contemplación.”
Esos inmuebles a que hace referencia este último artículo
son los monumentos declarados Bien de Interés Cultural y el castillo
de Lorca los es por los siguientes motivos. Declarado Monumento Histórico-Artístico
en 1931, quedaría afectado por la Disposición Adicional
1ª de la Ley 16/1985 que dice: “Los bienes que con anterioridad
hayan sido declarados histórico-artísticos o incluidos
en el Inventario del Patrimonio Artístico y Arqueológico
de España pasan a tener la consideración y a denominarse
Bienes de Interés Cultural. ... Todos ellos quedan sometidos
al régimen jurídico que para esos bienes la presente Ley
establece.” Además, la Disposición Adicional 2ª
considera también como de Interés Cultural y sometidos
al régimen de la Ley “los bienes a que se contraen los
Decretos de 22 de abril de 1949, 571/1963 y 499/1973.” El primero
de ellos es el decreto de protección de los castillos españoles
que dice: “Artículo 1º. Todos los castillos de España,
cualquiera que sea su estado de ruina, quedan bajo la protección
del Estado, que impedirá toda intervención que altere
su carácter o pueda provocar su derrumbamiento. Artículo
2º. Los Ayuntamientos en cuyo término municipal se conserven
estos edificios son responsables de todo daño que pudiera sobrevenirles.”
En el castillo de Lorca concurren las suficientes disposiciones legales
que le hacen acreedor a una protección integral. Pero es que
además fue incluido dentro del recinto declarado como Conjunto
Histórico Artístico por decreto de 1964, asignándosele
el Sector I y definiendo un entorno de protección que también
prevé la Ley 16/1985 para todos aquellos monumentos declarados
de Interés Cultural. Y aún hay más: el yacimiento
arqueológico que en toda su extensión supone el castillo
de Lorca y sus laderas también está protegido por la Ley
16/1985.
Todas estas medidas de protección, más los planes especiales
o planeamientos similares, previstos en la Ley de Patrimonio que deben
haberse redactado para el ordenamiento urbanístico municipal,
recaen sobre el castillo de Lorca y su entorno y todas juntas no han
sido capaces de hacer reflexionar a los equipos de gobierno del Ayuntamiento
y de la Comunidad Autónoma, que es el organismo competente para
aprobar esos planes y para autorizar las obras que ahora se llevan a
cabo en el castillo, para desistir de la idea de ubicar un Parador de
Turismo dentro del recinto amurallado. Y las consecuencias son las que
ya todos conocemos, tanto para el monumento como para la sociedad lorquina.
El contenido de los artículos 4 y 19 de la Ley 16/1985 es suficiente
para denunciar las obras por el expolio, la alteración y el entorpecimiento
para la contemplación que suponen para un Bien de Interés
Cultural como lo es el castillo de Lorca. Pero además, y ahondando
en la parte ética, habría que acudir a las recomendaciones
de organismos internacionales y nacionales y a los tratados internacionales
que en materia de patrimonio cultural y natural tiene suscritos España
para darse cuenta del disparate que suponen las obras emprendidas en
el castillo. Las recomendaciones de la UNESCO no son de obligado cumplimiento
y por eso no han sido tenidas en cuenta. Sólo obligan moralmente,
pero en
ellas no se encuentran argumentos a favor de una alteración como
la que se está produciendo en el castillo de Lorca y por eso
han sido sistemáticamente ignoradas.