Prisión
Modelo (Barcelona)
Un lugar para la memoria
Si
alguien propusiese derruir, por ejemplo, el palacio Montaner,
situado en el cruce de las calles Mallorca y Llúria,
sería sin duda severamente criticado. No le salvaría
del abucheo casi general ninguna argumentación sobre
los posibles usos del edificio, ni pasados ni presentes (es
la actual sede de la Delegación del Gobierno en Cataluña),
y por encima de cualquier otra consideración brillaría
la idea de conservar el patrimonio arquitectónico de
la ciudad.
Lo
que quizás no todo el mundo sepa es que este hermoso
palacete fue inicialmente proyectado, aunque no concluido, por
Josep Domènech y Estapà, uno de los dos arquitectos
a cuyo cargo estuvo el diseño de la cárcel Modelo
de Barcelona, a finales del siglo XIX, edificio de infausta
memoria sobre el que sí pesa una amenaza real de demolición,
ante la que pocos parecen dispuestos a romper una lanza para
detenerla. Pues bien, tal es mi propósito en estas líneas.
En mi opinión, los argumentos de los partidarios de convertir
este edificio en cascotes son de dos tipos. En primer lugar,
hay quienes dirigen su discurso hacia los sentimientos. Para
ellos la Modelo es el símbolo de una época cargada
de ominosos recuerdos y con capacidad de evocar espectros que
se desearía enterrar o desterrar de la convivencia ciudadana.
Otros plantean la cuestión desde un punto de vista más
utilitario, que podría abreviarse en los siguiente términos:
es un edificio feo, en medio de la ciudad, que está ocupando
un espacio que podría dedicarse a otros fines más
provechosos o gratos para los barceloneses.
Sin responder directamente a tales reflexiones resumiré
las razones por las que creo que la Modelo, despojada de sus
actuales funciones, debería continuar formando parte
de la vida, del paisaje y de la conciencia de Barcelona.
Por un lado habría que considerar la "calidad"
del edificio, diseñado por dos prestigiosos arquitectos
catalanes: Salvador Viñals y Josep Domènech y
Estapà. Las obras dieron comienzo en 1887 y, tras diversas
vicisitudes, fue abierta sin estar completamente acabada en
1904. En el discurso de inauguración Ramón Albó
insistió en la ejemplaridad del establecimiento y en
el poder del castigo con frases bien explícitas: "La
pena puede influir más y mejor en el ánimo del
preso que el más fervoroso misionero o el más
elocuente conferenciante sobre moral, siendo muy gráficas
y oportunas aquellas palabras dichas por un joven que estuvo
preso en una cárcel celular francesa: el padre M. predica
muy bien, pero la celda predica mejor que él".
Obviamente, se entendía que el edificio era elocuente
y se dirigía no sólo a sus obligados habitantes,
sino a todos los ciudadanos. Otra historia es lo que el edificio
pretendía -y pretende- contar a quienes lo viven, sea
desde dentro o desde fuera, pero no es este el lugar para entrar
en tal debate.
Desde sus orígenes, se quiso convertir este establecimiento
en modelo de "Modelos" y en él se cuidaron
todos los detalles, desde la planta estrellada, hasta el punto
de observación central, donde convergen todos los radios,
que era a la vez atalaya de vigilancia y púlpito desde
el que oficiar la misa o impartir lecciones de moral. Puertas,
cerraduras, inodoros y un largo etcétera de elementos
aparentemente triviales, fueron cuidadosamente estudiados y
abordados con las técnicas que en aquel momento parecían
concitar eficacia y economía.
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Pero pronto se evidenció que estaba lejos de ser el ejemplo
que se quería. Fue abierta sin el bloque de la parte
posterior, lo que hoy asoma a la calle Nicaragua, que debía
ser la zona de cumplimento. Tempranamente sobrepoblada, se convirtió
en un centro antihigiénico, con una alta densidad de
población reclusa y, en consecuencia, muy conflictivo.
Aunque al principio estaba en las afueras de la ciudad rápidamente
quedó en su interior, lo que no hizo sino agudizar las
contradicciones que ya se habían comenzado a manifestar.
A
pesar de todo ello, el edificio, en sí mismo, tiene un
valor innegable. Expresa con una sencillez radical una manera
de entender el poder, la función del castigo en el mantenimiento
del orden establecido y, en último término, la
propia vida.
Pero aún queda pendiente otro asunto: el de la memoria.
¿Por qué hemos de mantener entre nosotros cosas
que nos traen malos recuerdos o evocan hechos luctuosos?. Precisamente
porque somos, en parte, el fruto de todo ello y para poder entendernos
hemos de ser capaces de mirar nuestro pasado o nuestras creaciones.
Sin esos espejos cada día nos sería más
difícil reconocernos y comprender lo que hacemos o lo
que pretendemos. Ahora bien, nadie propone que haya que atormentarse
con los malos recuerdos o con viejos fantasmas. Se trata de
cambiar el significado de las cosas, de darles otra utilidad
que nos permita contemplarlas con alegría y optimismo,
pero sin volver la espalda a lo que hemos vivido o construido.
La Modelo, en pie y reutilizada, nos ayudará a reflexionar
sobre las motivaciones que había detrás de su
erección, nos recordará cómo se empleó
y a quienes la habitaron. Precisamente por ello hemos puesto
en marcha un proceso que esperamos culmine en un amplio debate
ciudadano sobre su futuro y sus posibles usos.
El primer paso ha sido entrar en contacto con algunos de sus
antiguos habitantes y de estos encuentros surgió la iniciativa
de redactar el manifiesto, que se incluye a continuación,
y pedir firmas con las que apoyar nuestras primeras reclamaciones
frente a la Administración.
Manifiesto
Con
la calificación urbanística de la mayor parte
de la manzana de la prisión Modelo en zona verde y con
la perspectiva de desocupación futura de la misma, han
empezado a formularse propuestas de cambio de dicha calificación
para construir viviendas que permitan, ésa es la excusa,
financiar la construcción de una nueva prisión
fuera de Barcelona.
Derribar la prisión Modelo puede parecer la opción
inevitable de un edificio que ha representado la negación
de la libertad, cargado de recuerdos ominosos, crueldad y muerte.
Pero la prisión Modelo ha tenido tambien un papel importante
en la vida catalana.
La Modelo fue una especie de universidad de militantes, con
celdas como aulas, y de la Modelo salieron jóvenes apresados
casi sin querer convertidos en dirigentes sindicales y organizadores
de huelgas. Por la Modelo pasaron todas las figuras importantes
de las izquierdas catalanas y, en tiempos más recientes,
muchas personas que desde diferentes lugares configuran nuestra
actual sociedad.
Recuperar el viejo edificio de la Modelo para la ciudad de Barcelona
no puede tener otra finalidad que recuperar una parte importante
de la memoria histórica. Somos nosotros, los que estuvimos
presos entre sus paredes, los que perdimos parte de nuestra
juventud en ella, los que perdimos amigos y compañeros
fusilados por la dictadura del general, los que ahora reclamamos
que no se derribe la prisión Modelo de Barcelona. Como
otros edificios históricos de la ciudad de mal recuerdo,
como el que acoje el Parlament de Catalunya, la Modelo debe
convertirse en un lugar de recuerdo que explique parte de la
historia que hay detrás del presente que vivimos. Además
de su valor arquitectónico, sus galerias podrían
proteger archivos y bibliotecas, dar cabida a aulas, a instituciones
ciudadanas no oficiales, a conferencias, exposiciones, conciertos,
representaciones, etc; y sus patios abiertos a la ciudad, grandes
jardines donde encontrarse y pasear.
Barcelona podría enorgullecerse de ser una de las primeras
ciudades de Europa que transforma un edificio amenazador y aislador
en sede de un centro de esperanzas de futuro y de contactos
al servicio de la memoria y de la cultura.
Me dirijo como antiguo huesped de la Modelo de Barcelona a aquellos
que piden que la prisión no se derribe y se ponga al
servicio de la cultura popular.
Pedro
Fraile Mendiguren