El Castillo de San Ferran (Figueres)

Calificado como Bien Cultural de Interés Nacional, el Castillo de San Ferran de Figueres, fue proyectado por el ingeniero Juan Martín Cermeño y dirigidas sus obras entre 1753 y 1760 por Pedro Martín Cermeño y Juan Caballero, siendo hoy, quizás, la obra monumental de carácter militar más auténtica del siglo XVIII de las que se conservan en Europa y modelo claro del gran empujón de fortificación que se extendió por toda Iberoamérica. Además, ha mantenido intactos sus principales estructuras y su carácter original. De una extensión de más de 32 Ha. y construida con los mejores materiales y técnicas del momento, el tiempo y la carencia de dotación humana y presupuestaria causaron su inacabado y paulatino abandono. Pero hoy ha adquirido un gran valor simbólico y testimonial de importantes episodios de la historia nacional: guerras de 1773-1775, 1808-1814 y 1823-1844, últimas cortes de la II República; y de los grandes personajes que pasaron.


Por sus dimensiones y perfección constructiva, esta plaza fuerte abaluartada es un testigo único en Europa, puesto que ha llegado hasta hoy sin haber perdido en ningún momento el carácter militar para el que fue creado. También son dignos de destacar la conservación y perfecta integración del monumento en su entorno inmediato, mantenido como zona de protección polémica militar de titularidad pública, durante casi 250 años. En las obras interiores, destacan el patio de armas, alojamientos y pabellones construidos con los mejores medios y calidades del momento. La solidez en las estructuras de vueltas de cañón seguido a base de tres roscas de ladrillo apoyadas en muros de cinco a siete pies de grosor, la búsqueda de las mejores condiciones posibles de habitabilitat y salubridad por la vía de la ventilación directa y cruzada en todas las casamatas y locales del castillo, la relativa comodidad de circulación en las zonas comunicadas por galerías aporchadas, etc., hacen d'esta obra militar un verdadero modelo en sí mismo. Estos valores únicos e irrepetibles son todavía perfectamente palpables al recorrer el interior de los diversos espacios de la fortaleza -todo dentro del rigor y la racionalidad propios de esta gran obra pública del neoclassicisme-, que conserva hoy intactos la mayoría de tipologías de la fortificación abaluartada del siglo XVIII. El reconocimiento de las características propias de este monumento, su correcta valoración en el marco de su catalogación y la creación de una base de datos internacional del patrimonio histórico-militar, son la fase previa indispensable antes de plantear sólo cuestiones de nuevos usos, Planes Directores de restauración-rehabilitación o de gestión. Esta fase inicial de recuperación de su prestigio monumental no puede abreviarse ni obviarse bajo ningún motivo de oportunismo de neo-desarrollo, si queremos ser plenamente responsables ante la historia y consecuentes con nuestra condición de meros depositarios de un gran legado cultural universalmente reconocido. La total recuperación arquitectónica tendrá que ser un proceso largo y meditado, propio de toda obra bien hecha, y de la que deberán ser partícipes todas las instituciones, entidades y persones que puedan garantizarlo, sobre todo cuando, bajo pretexto de interés público, se plantean concursos de ideas, acceso directo a l'autopista A-7, establecimientos hoteleros, equipos públicos y viviendas, que amenazan la conservación de los valores esenciales. El futuro Plan Director, regido por una comisión científico-técnica vinculada al monumento, no tiene que limitarse únicamente a la restauración de las construcciones; además tiene que proponer uno modelo de uso y de gestión que permita su mantenimiento y su transmisión sin cometer falsos históricos ni atentar contra su integridad con modernidades añadidas. Esto permitirá que, otras generaciones que traerán otros valores, posiblemente diferentes a nuestros, puedan apreciar y respetar los valores humanos que hicieron posible esta gran obra pública del Siglo de las Luces.

Enric Viñas y Manuel