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A
la vista de los hallazgos, resulta evidente, tal y como recoge
la Carta de Cracovia en su apartado número 5, que no se deben
destruir los posibles restos de otras construcciones situadas en
niveles más bajos y correspondientes a otras épocas. Aunque no
hay grandes evidencias sobre los mismos, la importancia de lo
aparecidos hasta ahora desaconseja cualquier actuación agresiva
que destruya irremediablemente el subsuelo de dicho solar.
La
ciudad cuenta con muy pocos restos arqueológicos de
importancia. Destruir los que van apareciendo es no sólo una
barbaridad, sino un expolio a todos los salmantinos. Preservar
los restos encontrados en el Botánico es una imperiosa
necesidad a la que no puede renunciar Salamanca.
La
Universidad de Salamanca, foco cultural de primer orden, debe
dar ejemplo de respeto a la historia y al patrimonio histórico
de la ciudad. Las actuaciones llevadas a cabo por la Universidad
en zonas aledañas no ha sido precisamente un modelo de ese
respeto que demandamos. La construcción de la biblioteca
“Abraham Zacut” acabó con toda la estructura estratigráfica
excavada, en contra de las sugerencias de los arqueólogos, que
defendían la conservación de una parte de los mismos, para que
se pudieran estudiar en un futuro. El aparcamiento subterráneo
de la calle Balmes también destruyó el tejido urbano
encontrado, dejando unos restos desubicados, inconexos y que no
dicen absolutamente nada.
La
decisión de actuar en zonas de la ciudad donde se conoce
sobradamente la existencia de restos arqueológicos pone en
evidencia una cierta falta de sensibilidad por parte de los
responsables de las instituciones. Existen ejemplos notorios en
otros lugares de España, como la Plaza del Castillo, en
Pamplona, o la Plaza Mayor, en Écija, donde el empecinamiento
de las autoridades en construir sendos aparcamientos subterráneos
ha llevado a la paralización de las obras, inmersas en procesos
judiciales que se antojan interminables y que, en todo caso,
generan unos conflictos innecesarios y nada beneficiosos para
los ciudadanos. Este tipo de actuaciones suelen plantear más
problemas que soluciones, por lo que no se entiende el empeño
en incidir en estos lugares tan delicados. Resulta ejemplar la
decisión del Ayuntamiento de Zaragoza de renunciar a la
construcción de un aparcamiento subterráneo en el paseo de la
Independencia al aparecer el arrabal musulmán de Sinhaya en su
subsuelo.
Casualmente,
ha coincidido en el tiempo un situación similar a la de
Salamanca en la ciudad de Barcelona. El proyecto de construcción
de la Biblioteca Provincial en el antiguo mercado del Born ha
sacado a la luz los restos de la Barcelona arrasada por las
tropas de Felipe V en 1714. Este descubrimiento ha generado un
amplio y rico debate entre arqueólogos, historiadores, políticos
y ciudadanos sobre la conveniencia de conservar los restos,
construir la biblioteca o tratar de compatibilizar ambos temas.
Este debate, tan necesario como positivo, aparece reflejado
ampliamente en los medios de comunicación, contribuyendo a
conformar la opinión pública. Todo ello contrasta con la
“paz de los cementerios” que domina la sociedad salmantina,
tan remisa a establecer debates sobre los temas que afectan a la
ciudad.
Especialmente
sangrante es el hecho de que se vaya a financiar con fondos
europeos la destrucción de una buena parte de los restos
arqueológicos existentes en la parcela, algunos ni siquiera
excavados. Cuando el dinero procedente de Europa debería estar
destinado al desarrollo del país, con el fin de conseguir un
nivel de vida similar al de las naciones más avanzadas,
observamos, con estupor, que estos fondos se dedican también a
destruir el patrimonio histórico de la ciudad, algo que debería
abochornar a los responsables de esta decisión, máxime
teniendo en cuenta que Salamanca cuenta con la distinción de
Ciudad Patrimonio de la Humanidad.
El
patrimonio histórico es un bien que pertenece a toda la
Humanidad, la pasada, la presente y la venidera. No puede ser
utilizado como mejor nos plazca, atendiendo sólo a criterios
limitados en el tiempo o a supuestas necesidades que se pueden
resolver en otros lugares y de otras maneras. Como ciudadanos
respetuosos y responsables, tenemos el deber y la obligación de
transmitir a las generaciones futuras todo aquello que supone un
hito en la historia de la ciudad.
Por
todos estos motivo, solicitamos a las autoridades competentes
(Universidad de Salamanca, Ayuntamiento de Salamanca, Junta de
Castilla y León) que busquen la solución más adecuada para
mantener los restos arqueológicos encontrados, respetando los
principios de autenticidad, identidad y conservación
establecidos por la UNESCO en la Carta de Cracovia del año 2000
Salamanca,
a 24 de Mayo de 2002.
Más
informaciones:
http://www.patrimoniocastillayleon.org/salamanca
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