ALBRERA



Una destrucción personal, colectiva y paisajística del territorio.


Espolla, un pueblo a los pies del Albera, dónde el equilibrio entre el entorno y la huella humana se conserva como la herencia más preciada, la gente todavía cultiva la viña y los olivares, incluso empresas vinícolas invierten y ayudan a preservar y a mantener esta integración. Antes de urbanizar primero se han de arreglar las casas vacías de dentro el pueblo, por contribuir a arreciar su identidad, con sus calles y callejones, sus plazas llenas de historias y recuerdos, de alegrías y de desgracias,... ,a las antípodas de estas nuevas agrupaciones de casas que cogen el nombre del municipio dónde se construyen y dejan como barrio turístico el verdadero pueblo. Este milagro territorial, en mucha parte, ha sido posible gracias al alcalde, a sus equipos de gobierno y a determinadas personas que con su esfuerzo han puesto los intereses del pueblo por delante de la nueva práctica especulativa de moda en el Alt Empordà y a muchos lugares del país. Precisamente ayer un amigo mío diseñador me regaló una edición de dvd de grandes arquitectos catalanes. El primero que miré fue el del aquitecto J. Coderch de Sentmenat. Las imágenes de Espolla, de su relación entre hombre y natura, entre personas y paraje son su introducción. Un excelente arquitecto gracias al que conservamos la iglesia, símbolo e imagen del pueblo, puesto que, con la excusa que estaba deteriorada, el obispado ya se la quería vender y convertir el solar en un jardín particular y construir una de nueva en otro terreno .Otra imagen emblemática del pueblo es Can Marqués, un conjunto de construcciones con una torre medieval y ventanas góticas que se querían derrocar para construir un complejo de viviendas y que, gracias a la unión de determinadas personas del pueblo, se pudo conservar y rehabilitar.


De ejemplos de este tipo, hay más, pero no hace falta enumerarlos todos. Sólo decir que, hasta hoy, siempre había podido más el futuro del pueblo. Se dejaba de banda el egoísmo y se pensaba en no destrozar el entorno heredado de qué habíamos disfrutado y que tanto estimábamos para dejarlo a nuestros hijos, hijas, nietos y limpias como el mejor dote nunca ofrecido en ningún casamiento.


Por motivos que desconozco, pero que puedo intuir, este dote está en peligro, y este peligro, además, ha dividido el pueblo.


Quieren instalar molinos de viento, para generar energía, al pie de la Albera, todo envolviendo al pueblo. Veinticinco molinos de 120 m de altura, la misma que un edificio de 40 plantas, una barrera visual y acústica, que condicionará para siempre jamás más nuestra manera de ser y de vivir con el entorno. Destruirán nuestras carenas, nuestras sendas, corchos y ginestas,... y huirán los animales que viven. Justamente cuando la Albera quizás sea declarada Patrimonio de la Humanidad.


Cómo habréis adivinado el pueblo está dividido entre los que quieren molinos en sus terrenos y los que no, los que ponen por delante su egoísmo a la herencia que dejarán a sus descendentes. Parte de culpa la tenemos los espollencs por no haber sabido agradecer todos los esfuerzos hechos por nuestros padres que ahora, a las puertas de la jubilación, sólo ven el dinero y las promesas que las empresas les hacen, especulando, como en el cuento de la lechera, todo lo que harán para el pueblo, sin pararse a pensar qué perderán. Tantos años de luchas contra goliats se irán por el desagüe traseras sin ni siquiera sentir el rumor del agua antes de ser tragada por el agujero, porque el ruido de los molinos será más fuerte y más constante. Una de las razones que pesan a la hora de tomar decisiones y que permiten entrever los síntomas del egoísmo es la sensación de que cuando realmente se vean las verdaderas consecuencias de la instalación de los molinos los herederos ya no podrán venir a pedir explicaciones, ni mucho menos, responsabilidades.


Por allá dónde he ido y viajado siempre he explicado el talante de mi pueblo como un pueblo que se adelantaba al futuro, que era capaz de rechazar los pasteles del hoy por no tener hambre mañana, un pueblo visionario, que sabía el valor del territorio y la importancia que este tendría con el tiempo.
Creo que no me equivocaba y que esta visión todavía está. El que no preveía es que la carencia de reconocimientos y de agradecimientos pesara lo suficiente por desequilibrar la balanza.


Me entristezco sólo de pensar como nos recordarán nuestros hijos al saber que por no haber sido humildes y por no reconocer los propios errores y elogiar los aciertos de los otras, no podrán disfrutar de l’Espolla y el Albera que conocemos,. De aquí unos años la querrán recuperar y, en caso de que se pueda, valdrá tanto dinero que lo deberá pagar la administración, es decir, todos. Por esto no entiendo como esta misma administración deja que estas empresas se paseen tranquilamente presionando los pueblos, fraccionando el territorio y las relaciones entre su gente por fines meramente económicos.


La administración tiene el deber de velar por el conjunto del territorio, de preservarlo para la posteridad y no puede dejar decisiones de tanta trascendencia a manos de particulares que puede que no vean más allá de sus intereses inmediatos o de poderes públicos que se pueden ver presionados o deslumbrados por un espejismo de progreso o de prosperidad económica que, en definitiva, no es más que un dogal, una cadena que nos impedirá adelantar hacia un futuro sostenible, el activo principal del cual sea –continúe siendo- el paisaje de nuestro territorio.

Pep Canaleta

 



www.albera.eu


MIRAVET

 

Fotomontajes, tal como lo ven los ecologistos.


Uno de Miravet

Ante la presentación y tramitación del proyecto eólico que afecta gravemente al entorno del castillo de Miravet, monumento de la Generalitat más visitado en las Tierras del Ebro, me gustaría aportar algunos razonamientos:

Podríamos empezar hablando de una cuestión de justicia. Decirnos cómo dicen que ”nos ha tocado a nosotros”, aguantando cómo aguantamos la generación del 70% d’energía que se consume en Catalunya, no es de recibo. Quiere alguien nuestras nucleares? Y nuestros residuos nucleares? Y los pantanos? De qué solidaridad hablan? Como se nota que somos “un residuo electoral”. Cuatro gatos.

Y al fin y al cabo sin que Miravet vea ni un duro de los inventos energéticos que nos afectan de pleno. Ni tan solo de los molinos que coronarán el pueblo del Estatut. Recordáis que vinieron a hacerse “la foto”?

No se trata solamente de una cuestión estética, evidente para cualquier persona que no reduzca su sensibilidad a comida y defecar (cosas altamente placientes). Tampoco pretendo que todo el mundo tenga respeto por los emblemas arquitectónicos de nuestra historia.

El ingenio impacta claramente en la visión, proporciones y perspectiva del castillo románico número 1 de Catalunya. Los gigantes metálicos de 110 metros de altura, son cinco veces más altos que la pared más alta del castillo. Cuando nos gustaría a los pueblos aborígenes de fuera la grande Barcelona, disponer de los estetas y diseñadores que recuperaron l’sky-line de ....Collserola, que estaba llena de chatarra.

Tampoco se trata d’un ataque a las energías “ecológicas”.La lucha del pueblo de Miravet durante cuatro años enteros contra los trasvase de l’Ebro ha sido antológica e invalida el argumento de raíz. No recuerdo haber visto a ningún manifa a los apóstoles-empresarios de los molinos.

Pienso que se trata de una cuestión de dignidad, si, pero también de una cuestión ECONÓMICA. Lo que pasa es que prevalecen los intereses económicos de los especuladores de la eco energía a los de la gente de la tierra que hace todo lo posible por conservar el territorio, cuidar el paisaje y atraer TURISMO, la actividad con más empujón y con más futuro del pueblo. En época turística, que cada vez se alarga más, centenares de personas hacen, desde la barca y cuando acceden al pueblo, una de las fotos más conocidas en cualquier parte del mon. La presencia de 11 molinos de 110 metros junto al castillo de los templarios, se lleva la mitad de la foto y todo el impacto visual. Esta “foto” se ha usado en las últimas ferias de turismo como imagen de marca de TIERRAS DEL EBRO, y se presenta en folletos, postales, calendarios.... Y si venís por la otra carretera, desde Mora, lo primero que veréis –y de manera destacada- serán once monstruos metálicos dando vueltas detrás del castillo. Esto si hace viento, de lo contrario, tendremos el gólgota de las 11 cruces. Pero, sabéis de dónde veréis los cíclopes de la energía chuli más cerca y en total majestad? Pues desde el mismo castillo! Comiéndose buena parte de la actual panorámica de 360 grados que paga la pena del esfuerzo de subir. A que defenderíais Montserrat de los molinos? Pues para nosotros es lo mismo. Tanto cuesta de entender?

Seguiremos luchando. Como siempre. Visca la Terra. Fora el mal govern.