| Pumapungo park
1. ! Fuga Huayna-Cápac, fuga !
El Huayna-Cápac de bronce
cobra vida de pronto.
El rey, se mira ataviado con prendas
que nunca le pertenecieron,
se mira sin su séquito
solo y encaramado
sobre un montón de piedras.
Si pudiera decirlo en castellano, diría
-me veo ridículo-.
Su frustración
es comparable
con la sorpresa que le causan
esa invasión de vehículos y
construcciones raros,
esas luces, ese olor, ese ruido...
En fin, mira el perfil
de su Pumapungo en ruinas,
mira el río donde tantas veces se mojó
y al fondo
las montañas del Cajas
por donde Paul Rivet huye despavorido:
a galope tendido,
con cuencana en la grupa
y un tumi en la bandolera
El Inca se baja, echa lejos esas prendas
y lanza esas armas extrañas,
él también, corre desesperado,
busca refugio,
casi le atropella un Toyota 4 x 4...
Dos estudiantes de medicina le vieron
y han dicho a la policía
que era un indio loco... cara conocida...
Nacido en Tomebamba, el último e indiscutido emperador inca del
Tahuantinsuyu ha querido ser honrado mediante un monumento que seguramente
está colocado en el sitio por donde desaguaban los albañales
de sus
aposentos. La imagen que siempre me hice de aquel rey era mucho más
noble y
majestuosa hasta el momento en el cual he visto su escultura junto al
puente
de El Vergel.
Los incas, no solían representar a sus dirigentes ni deidades con
imágenes
facsímiles del personaje. Esta es una costumbre que vino de Europa.
Sus
alusiones, cuando las creyeron necesarias, eran de naturaleza simbólica
y su
fantasía les permitió mostrar esculturas y grafismos de
aquello que los ojos
no ven. Es decir, si hacían algo al respecto, era para ampliar
las
posibilidades de la visión común hacia el mundo de lo fantástico.
Con el
monumento a Huayna-Cápac, concebido y fundido en estilo no-sé-qué,
nuestro
municipio no ha demostrando riqueza de imaginación, ni se diga
conocimientos
acerca de por dónde van los derroteros de la escultura contemporánea.
Pero y
como vamos a ver, el asunto va más allá y es más
grave, debido a las
iniciativas del Banco Central del Ecuador.
La intencionalidad de tal representación, junto a lo que se está
perpetrando
en Pumapungo, obedece a una actitud que en el fondo desprecia lo indio
y lo
social contemporáneo, tratando de encasillarlo o reducirlo a un
discurso en
torno a lo ancestral mágico. Visión y pensamiento colonialista
que en el
fondo excluye la experiencia india y su presencia en el contexto de los
pueblos del mundo de hoy.
Puede que algunos indios se reconozcan en el parquesito que nos están
construyendo en Pumapungo, porque fuertísima es la ideología
y la labor de
aculturación y desarraigo. Puede que otras gentes alaben la obra.
Para
ellos no escribo, pues si eso hacen, se lo merecen con creces.
2. ¿Por qué luego de 500 años de etnocidio quieren
revivir la identidad
andina?
Cuando ³la identidad² ha perdido su fuerza subversiva son los
representantes
del Estado quienes quieren rescatarla y la ponen de moda. Con la
globalización, los viejos valores constituyentes del poder local
se
tambalean. Hoy, el discurso progresista, desarrollista, civilizatorio...
con
el cual los sectores dominantes justificaban su dominio, se ha quedado
sin
fuerza y entonces, les asoma la necesidad urgente de símbolos y
argumentos
aglutinadores para convencer a los súbditos de que en efecto el
progreso, la
democracia y la identidad llegan... por la graciosa generosidad de los
poderosos.
Pero claro, el regalo tiene veneno, como todo lo que nos ha dado el
exinstituto emisor en los últimos tiempos.
Los nuevos argumentos con los cuales quieren justificar el mando, en boca
y
en manos de los globalizadores no pueden ser populares. Y no pueden serlo
dada la intencionalidad de sus beneficiarios y las propias características
ideológicas de la globalización. Esto hace que dichos argumentos
se tornen
espectaculares, diversionistas, místicos y demagógicos.
El viejo poder regional se deshace y el pueblo centenariamente explotado
y
engañado ha constatado y comprendido que sus dirigentes no le han
conducido
sino a una sobrevivencia desgraciada. La emigración masiva ha sido
una
respuesta a este desengaño, respuesta comprensible en quienes,
ante la
repentina visión del desierto y de la estafa, huyen despavoridos
sin mirar
atrás.
La crisis de legitimidad por la cual atraviesa el poder, es, en la región
andina, particularmente sensible en el terreno de lo simbólico
aculturizador. Esta es la razón para que echen mano a los ancestrales
y
adormecidos recuerdos de los vencidos para revalorizarlos a su modo, y
tratar con ello de dar forma a otro becerro de oro que aliene a los nuevos
sujetos sociales y populares. Esto no significa concesiones ni
arrepentimientos de parte de quienes tienen el mando. Lo que buscan es
disfrazarse con atributos populares e indios, crear ideologías
místicas y
shamánicas para construir con eso los nuevos fetiches. Acto perverso
que usa
materiales que posiblemente son parte de las cosmovisones andinas arcaicas,
pero que al ser descontextualizadas asoman manipuladas conforme a su visión
etnocentrista, quizás ni eso, turística sería más
adecuado decir, de la
historia de los derrotados y explotados a quienes en el fondo desprecian.
Lo que ha hecho el Banco Central en lo que a política monetaria
le toca, es,
como vemos, coherente con lo que hace en el terreno de la cultura. Salado
aquel que no perciba las relaciones e intencionalidades que hay entre
lo uno
y lo otro.
3. Matar lo indio al grito de ³ ! vivan los indios! ²
El Parque de Pumapungo actualmente en construcción, es otro paso
contra el
simbolismo cultural inca-cañari que soporta dicho lugar en los
últimos cien
años.
El primero lo dieron los jesuitas al hacer su colegio sobre las ruinas.
Lo
hicieron siguiendo los pasos de una iglesia que en la Catedral Vieja y
en
San Blas, de Cuenca, o en San Francisco y Santo Domingo de Quito, o en
el
convento de Santa Teresa del Cuzco, la Casa Episcopal o en el Seminario
de
San Antonio Abad, de esta misma ciudad peruana, construyó sobre
antiguos
templos o edificaciones incásicas.
El segundo atentado lo perpetró el Municipio de Cuenca al no tomar
ninguna
medida cautelar para mantener el sitio y sus alrededores, a salvo. El
Municipio de Cuenca durante años tuvo el lugar como vertedero de
escombros.
Luego, con el cuento de los planes maestros de alcantarillado, pasó
tractores sobre la parte baja del lugar. Por último, cuando la
demagogia
llegó al colmo, planificaron sobre ese sitio el llamado Parque
Lineal N. 11
que incluía canchas, parqueaderos, juegos infantiles... Los planos
de este
atentado reposan en el archivo del BEDE y del Banco Central de Cuenca.
El tercer atentado lo cometió el propio Banco Central del Ecuador,
al
construir sobre el lugar ese horrible y carísimo elefante blindado
de hierro
y cemento, diseñado para durar esta vida y la otra, y que cada
vez es más
cuestionado entre los jóvenes círculos profesionales(1).
Hoy, como se ve, los atentados no paran. El parquesito que está
construyendo el mismo banco con la autorización del municipio o
bajo su
gorda mirada, apunta a ser un ambiente para el ³turismo cultural²,
con la
única diferencia de que la actual intervención, paradójicamente
viene
acompañada de un discurso arqueologizante herbolario, shamánico
zoológico -
tendrá sembríos y un ²Centro de Rescate de Animales²-
dentro de una
cosmovisión andina que, parece muy acorde a una imagen potabilizada
y
museológica de lo indio.
El tratamiento de los vestigios que ha dejado la depredación, si
bien es
cierto que se lo está manejando con cierto cuidado y bajo la dirección
de
técnicos y arqueólogos, sin embargo asoma en función
del uso ideológico que
aquí denuncio y, en todo caso, sí afecta a los vestigios
en tanto se ha
incorporado en la zona elementos y construcciones que distorsionan el
patrimonio físico y dan una falsa idea del patrimonio intangible.
(Pumapungo, Pumapungo -dijo el poeta-, ni cuando te declararon ³cantera
pública² en el siglo XIX, haz sufrido tanto daño como
el irrogado por las
instituciones encargadas de cuidarte).
4. ¿Quién es el mejor interlocutor con el pasado?
La importancia de los vestigios arqueológicos de Pumapungo y lo
que debería
llevarnos a respetar su preservación, no está en las piedras
o los
terraplenes en sí, sino en el tratamiento discursivo y simbólico
que demos a
ese lugar, parte de lo cual, es el manejo y preservación de dichos
vestigios.
De lo que se trata entonces, es de cómo leemos el pasado, desde
dónde lo
hacemos y para qué lo hacemos.
A dichas preguntas, quienes mejor pueden responder son quienes mejor
entienden el presente, esto es, quienes poseen la clarividencia y la
voluntad para cambiar lo que se vive.
Esta fuerza y actitud son las únicas llamadas a rescatar ese pasado
en
función de la vida y del deseo de vida, y quienes la poseen quizá
sin
saberlo, son las fuerzas sociales básicas y no el poder o sus representantes
fulleros.
Cármen Añón Feliú, decía en un extenso
artículo suyo (Jardín y Naturaleza en
el siglo XVI, ÁLBUM, N. 56, Madrid. Pp. 28-36) refiriéndose
a los parques y
jardines, que ³estos espacios aparentemente muy sencillos y sin embargo
tan
llenos de contenidos diversos ( ... ) se alimentan como siempre ha sido
en
su historia, primero de una concepción filosófica, y después
de una
literatura que marca las pautas ocultas de la lectura del jardín.²
Y cito a la española porque en el caso de Pumapungo park, hay de
lo uno y de
lo otro.
La filosofía andina, dicen sus autores que está presente,
pero, me parece
que reducida a ciertas prácticas que mezclan el animismo con la
astrología y
la magia en un retornar de visiones naturalistas arcaizantes. La filosofía
andina, si la hay, quizás debería imaginarse como la reflexión
en los
ámbitos culturales andinos, pero no solo eso, sino como la reflexión
que en
el contexto de la posmodernidad rescata y dialoga con lo mejor de la
tradición filosófica humana y universal. Esto nos llevaría,
por ejemplo, a
pensar la unidad de América Latina, a pensar las posibilidades
de nuestros
mestizajes culturales, a pensar en su inserción en la humanidad
plural de
hoy, en fin, a pensar en la libertad. Es decir, si se habla de pensamiento
filosófico andino, se debe pensar sobre todo en la vida de los
nuevos
pueblos latinoamericanos, entre los cuales están los actuales indios
americanos que tantos ejemplos nos están dando en la lucha contra
la
globalización que el imperio impone.
Y en cuanto a la literatura que también inspiraría este
parque, resulta duro
decirlo, pero fuera de las imaginativas hipótesis del arquitecto
Alfredo
Lozano Castro sobre la cosmología indígena andina, parece
que no han tenido
otras fuentes.
Quedamos entonces ante la cruda realidad de los hechos: el manejo de
Pumapungo obedece a una operación ideológica que no nace
desde lo indio,
pero que resulta funcional para divertir, precisamente cuando los indios
se
convierten en una importante fuerza política en la zona andina.
En efecto, ¿cómo es posible que quienes subastan el país
apoyando las
privatizaciones, socaparon a los banqueros ladrones y renunciaron a la
política monetaria soberana.... sean ahora los defensores de la
historia y
del pasado de las víctimas de sus acciones?
5. Parquesitos de la globalización
La idea de hacer de Pumapungo un parque es otro despropósito de
la espesa
política urbana en tiempos del Ecuador globalizado, política
que en los
últimos tiempos ha emprendido inusitados vuelos y realizado importantes
inversiones.
Tales actividades causan furor en las ciudades del país y no pueden
ser
analizadas sino como una corriente -un ventarrón sería más
apropiado decir-
que nos golpea con saña.
En la Cuenca del Corcho, además de lo que estamos comentando, y
en lo cual
el señor alcalde tiene mucho de culpa, pongo como ejemplo la remodelación
del Parque Calderón (2) y lo sucedido en el Parque del Paraíso.
En la Loja del Chato Castillo, esta visión mocha y populachera
de los
espacios urbanos puede ir acercándonos a las constantes de esta
moda:
deténgase el lector un momento ante esas obras que ha construido
el lojano,
y verá de lo que es capaz quien se inspira en Dysneylandia y en
el
feudalismo: me estoy refiriendo al parque del Jipiro y esa Entrada a Loja...
Por último, y para que no quepan dudas sobre el fenómeno
que me preocupa,
traslado al lector a la Guayaquil del León, en donde tal moda,
corriente o
azote, ha tocado fondo. Me refiero al Malecón 2000... (3)
Nunca hemos sido tan beneficiados por tantas y tan simultáneas
preferencias
municipales por los parques. El parque, como noción de espacio,
y luego como
tema urbano, es sabido por quienes se interesan en la historia de la
arquitectura, el arte y el urbanismo, que surgió con la burguesía
culta
europea y como lugar para el esparcimiento privado. Surgió como
un espacio
antinatural, es decir, como una metáfora del dominio del Hombre
sobre la
Naturaleza. Su desarrollo fue menos altruista y pretencioso cuando en
las
ciudades hispanoamericanas se aplicó como un elemento opuesto a
la noción de
plaza pública, hasta incrustarse y desplazar a éstos lugares
urbanos
sociales y públicos, simbólicos de lo comunitario, y convertirlos
en
espacios para glorificar el nuevo poder mediante sus símbolos,
sus fechas
emblemáticas y sus héroes de mármol o de bronce,
tan certeramente criticados
por las palomas.
Por último, y como gesto típico de los tiempos globales
y privatizadores,
los parques están siendo enrejados y cerrados con llave durante
las noches.
La noción del parque es algo que nada tiene que ver con las ideas
que los
cañaris e incas tenían de sus lugares públicos. El
parque, ellos, no lo
concebían de la misma forma como lo hicieron los europeos del siglo
XVI. En
quichua, no hay la palabra. Si algo parecido idearon, fue la plaza como
lugar de concentración para ceremonias y ritos.
Lo dicho, lamentablemente nos lleva a pensar que la salvación de
Pumapungo
no será el resultado del proyecto en curso. Estas obras, en vez
de respetar
la tradición cañari inca como un pasado que no pasa, así
como el valor
simbólico del lugar, parece que están creando un ambiente
de impostura y
falsificación de este pasado que no construía parquesitos,
caminaderos para
turistas, zoológicos, formas tronco cónicas, ni horribles
monumentos en
bronce de sus líderes dioses.
Este proyecto, parece que se lo ha iniciado sin los estudios profesionales
adecuados y en ésto, el Muncipio de Cuenca, es coautor del atentado
por
haberlo permitido.
En un documento suscrito por tres colegas (4) hace algún tiempo
ya se alertó
sobre el daño. Se dijo que ese roquedal incrustado junto a la av.
Huayna-Cápac, así como esas construcciones nuevas, nada
tenían que ver con
los vestigios. Se hizo notar que dichos ³añadidos² eran
absurdos, que
generan asociaciones formales distorsionantes y que, todo eso, movía
a la
indignación y a la pena.
A lo ya señalado, debemos sumar la tácita delimitación
del parque, que en
éste caso no solo significa aceptar y encubrir los límites
impuestos por la
depredación a lo largo de los años, sino canalizar un mensaje
simbólico
mentiroso que induce a interpetar el actual tratamiento dado a Pumapungo,
como si el lugar hubiera estado delimitado así mismo, desde siempre.
El panegírico del proyecto, naturalmente a cargo de un empleado
del Banco
Central, permite confirmar todas nuestras inquietudes. Leámoslo:
³En el 2001, el Banco decidió rehabilitar la parte baja del
Complejo
Arqueológico, revitalizar los andenes, convirtiéndolos en
lugar de cultivo
de especies nativas y dotándolos de una fauna entre doméstica
y silvestre,
afín a lo andino, insertando en las ruinas de Pumapungo un parque
etnobotánico, denominado Jardines del Inca, que habrá de
convertirse en una
de las grandes atracciones de la ciudad.
( ... )
... se ha trazado una caminería -cuyo diseño se basa en
la cosmología inca,
con reminiscencias de la Cruz del Sur- para recorrer el conjunto, al que
se
le ha dotado de áreas de cultivos especializados, de centros de
información
histórica y etnobotánica, de música ambiental y de
iluminación nocturna,
para que el visitante -guiado por personal conocedor del tema- no solo
encuentre una base de datos sobre nuestra compleja identidad, sino también
un sitio hermoso en donde pasear a la sombra de los ancestros.²(5)
Como vemos, el mal mayor contra Pumapungo está a punto de consumarse
y es
resultado de una concepción mística del tiempo, muy funcional
a la demagogia
globalizadora que del pasado solo le interesa su espectacularización.
Sus
actuaciones, por lo tanto, lo rescata para tergiversarlo, para anular
su
presencia y potencia, y para dar una visión del tiempo acorde a
las
necesidades simbólicas del tiempo global.
Con esta nueva visión y versión del pasado que nos entregará
el Banco
Central del Ecuador, queda de manifiesto el pensamiento y la sensibilidad
que a través de sus funcionarios culturales, el Estado quiere imponer
a la
sociedad. La política culturalista de dicha institución
ha cambiado el tibio
nacionalismo que le caracterizaba por un esoterismo andino. Con esto se
muestra, una vez más, como gestor de símbolos, fetiches
e iconos que buscan
amarrar ideológicamente a nuestros plurales conglomerados sociales
en torno
a prejuicios totalizadores y mitos naturalistas de alta rentabilidad
³cultural² para las finanzas y el dominio global.
6. ¿Qué hacer con Pumapungo?
Una vez que Pumapungo park es un hecho consumado, ya no hay casi nada
por
hacer, pero mucho que imaginar.
Si de mí dependiera, retiraría todas las construcciones
que no sean
vestigios y ruinas cañaris o incas.
No dejaría de las obras de los jesuitas ni de las perpetradas por
el Banco
Central del Ecuador, piedra sobre piedra.
Al rededor de dicho vacío levantaría un muro perimetral
de 6 metros, sin
puertas ni ventanas, un espacio ciego y clausurado al paso y a los ojos
de
quienes lo circunvalen. Un espacio en el cual, se sepa que algo sucedió
alguna vez, un espacio en donde tuvieron lugar acontecimientos espantosos
de los cuales deben avergonzarse los vencedores por haber cometido lo
que
cometieron, y los vencidos por haberlo permitido.
Así por lo menos, eso que un día fue, no sería manoseado
por la demagogia de
una institución que dice defender nuestro pasado, mientras ha hecho
todo
posible para arruinar nuestro presente y el futuro de nuestros hijos.
La ausencia aludida que imagino sería más fuerte y digna
que la fanfarria
turística y nacionalista que se está orquestando.
Sería un reto.
En dicho lugar, y dentro de dichos muros, el fantasma de Huayna-Cápac,
-no
ese Rambo-Cápac de bronce- podría, igual que el Minotauro,
deambular en su
laberinto junto a su soledad, su nostalgia y locura. Por lo menos, hasta
cuando alguien llegue y le redima permiténdole por fin descansar
en paz.
Ese día, nadie sentirá vergüenza de sí mismo.
Cuenca, octubre del 2002, junio del 2003
NOTAS
1. Parreño, Christian. Pumapungo. Arquitectura y Lugar. Tesis
de grado
inédita. Colegio de Arquitectura de la USFQ. Quito, 2001.
2. Albornoz, Boris. La plaza mayor de Cuenca: Lugar o ambiente. Inédito.
Cuenca, 2002.
3. Páez Barrera, Oswaldo. Paseando por el malecón 2000.
Publicado en éste
mismo volumen, pp.137 - 150.
4. Moreno, Mauricio. Andrade, Jaime. Bravo, Marcelo. Reflexiones sobre
una
visita al Parque Arqueológico de Pumapungo, Cuenca. Este documento
fue
conocido por el Municipio de Cuenca.
5. Dávila, Jorge. ³Renacen Pumapungo y los Jardines del Inca².
DINERS N.
246. Quito, Nov. 2002
Apostilla a Pumapungo Park:
Una alternativa plástico-urbana construida en la imaginación
Un amigo, quien tuvo la gentileza de comentar el presente ensayo me
manifestó su curiosidad ante la propuesta plástico-urbana
que yo hago al
final del mismo y la conveniencia de exponer algunos referentes para su
mejor comprensión.
Respondiendo a su inquietud quiero comenzar señalando que entre
los grandes
crímenes del capitalismo contra los pueblos, están el etnocidio
que
caracterizó a sus momentos colonialistas primarios y el Holocausto
contra
los judíos, comunistas, gitanos, gays, artistas ³degenerados²...,
cuando el
gran capital recurrió al nazismo para mantener sus tasas de ganancias,
concentrar más poder y aterrorizar a quienes no estaban con ellos.
En nuestra experiencia social se conoce lo cometido en contra los cañaris,
incas y otras nacionalidades indígenas y sus formas de vida. Sin
embargo...
Regresamos! Pachacámac!
Yo soy Juan Atampam! Yo, tam!
Yo soy Marcos Guamán! Yo, Tam!
Yo soy Roque Jadán! Yo Tam!(1)
porque el Tomebamba, o el Boletín de Dávila Andrade, siguen
retumbando desde
el fondo de la memoria y de la experiencia de lo morlaco.
El tratamiento que hoy dan los sectores cultos de la sociedad alemana
a los
crímenes del nazismo es un ejemplo que merece ser analizado cuando
tratamos,
como en éste caso, temas y relaciones culturales directamente relacionados
con nuestro particular pasado andino.
Cuando el Parlamento Alemán decidió a mediados de 1999 aceptar
el proyecto
del MONUMENTO CONMEMORATIVO EN HONOR DE LOS JUDÍOS EUROPEOS ASESINADOS
(por
los nazis), se tomó una decisión referencial en cuanto a
la forma artística
de dichos monumentos.
La propuesta seleccionada asomaba como una aglomeración o bosque
de estelas
funerarias anónimas colocadas de manera incómoda sobre un
terreno, y claro,
como irá ubicada en el centro de Berlín, causó también
por ello una larga
polémica que no hizo sino confirmar su carácter de obra
de arte moderno.
Al respecto, Richard Serra, quien es uno de loa autores de la idea original
del conjunto, dijo que resultaba imposible ³inventar una iconografía
para la
aniquilación colectiva de seres humanos² (2). Por ello se
buscó algo que NO
esté dentro del plano de la representación visual del Holocausto
y se
concluyó en una propuesta que al decir del otro autor intelectual
del
proyecto, el arquitecto Peter Eisenman, era ³antisimbólica².
De esta manera y en opinión de Harno Rautemberg, ³El bosque
de estelas
funerarias evita cualquier certidumbre, y nos proyecta hacia nuestro propio
interior. Allí se sentirá uno como un extraño; no
hay la menor huella de una
falsa reconciliación, y se renuncia de antemano a cualquier intento
de
interpretación.²
Cuando se supo que el Banco Central del Ecuador en común acuerdo
con el
Municipio de Cuenca estaban interviniendo con obras de carácter
turístico en
los vestigios arqueológicos de Pumapungo, vino a mi memoria la
experiencia
artístico-urbana actual a la que me he referido hace un instante
y que toca
esa dolorosa e intratable herida del siglo XX. Y entonces pensé,
que si se
hubiera abierto una consulta pública y democrática sobre
¿qué hacer en
Pumapungo?, yo hubiera estado a favor de un monumento conmemorativo
realizado como obra de arte contemporáneo, que deje abierta la
reflexión
sobre lo que sucedió y contribuyó a la ruina del Tahuantinsuyo.
Una
propuesta que hable de un no saber cómo debemos tratar un asunto
que en
ningún caso es un hecho clausurado. Un monumento urbano que en
toda la
extensión de sus vestigios mantuviera viva la distancia crítica
necesaria
para permitir su constante actualización en la memoria colectiva.
Un apoyo a
la memoria y no una trampa del olvido.
En fin, un lugar de ausencia pero también un lugar de ineludible
e
inevitable presencia. Algo que otorgue por alusión, como lo dijo
el arq.
Peter Eisenman a Verena Lueken, ³a la historia pretérita realidad
en el
tiempo presente.²
Y claro, con estos antecedentes reflexivos y sensibles, nunca hubiera
estado
a favor de una propuesta tipo parque, y peor del parque de divertimento
y
espectacularización de lo que se ha cometido a lo largo de los
siglos contra
Pumapungo, y con el cual, sus promotores y autores hacen una fanfarria
de un
pasado que se merece el respeto de la actual sociedad pluricultural
ecuatoriana que requiere encontrarse en la fraternidad y la convergencia
para sobrevivir y aportar a la humanidad.
Pumapungo, como lugar, ya era de por sí conmemorativo. Testigo
del
encontronazo de las culturas europeas y andinas. Pero la cultura light
de
los globalizados tiene otros intereses y fidelidades. Perturbados con
el
molesto silencio del lugar y creyéndose dueños del terreno
donde se asienta
esta parte del patrimonio cultural de cañaris e incas, los burócratas
de
turno han procedido a perpetrar esto que se parece a un matricidio cultural.
Estas fueron algunas de mis reflexiones a la hora de pensar en la
alternativa plástico-urbana que lancé desde y para la imaginación
y que,
para tranquilidad de los gestores de Pumapungo park, allí se quedará
en
vista de q e Pumapungo Park es un hecho consumado. Mía, mía
para adentro
como mujer en la noche, mía para arriba, hasta más allá
del gavilán... como
lo dijera nuestro Faquir en el clímax poético desde donde
vió las
dimensiones andinas de la hora del Regreso que aún no ha llegado.
Cuenca, octubre del 2002
NOTAS
1. Las referencias poéticas corresponden al Boletín y elegía
de las mitas,
de César Dávila Andrade.
2. Las citas entrecomilladas corresponden al texto Monumento conmemorativo
del Holocausto, de Joachim Günther, aparecido en el Neue Zürcher
Zeitung y
reproducido en la revista Kulturchorónik N. 5 de 1999.
Desde el fondo del barranco
Señor
Alcalde de la ciudad de Cuenca.
Señor Concejal y Representante
de la Comisión del Centro Histórico del Municipio de Cuenca.
Señor Representante
de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Cuenca.
Estimados colegas, arquitectos y arquitectas:
Primero fue la planicie con sus ríos corriendo a encontrar el
amanecer.
Después los indios del guacamayo y la serpiente. Con ellos la vida
se posó
junto al río, listo a darles alegría y a llevarse sus penas.
Llegó Pumapungo, esplendor y maldición. Pumapungo, alianza
y ruptura de
sangre. Sangre que se mezcló en el barro y con otras sangres para
darnos
nuestra mirada y nuestras manos. Mirada que vió y sigue viendo
el altozano,
manos que construyeron este lugar mestizo, insomne por contemplar desde
el
borde esa metáfora líquida de la vida que pasa a los pies
de Cuenca y por
mirar desde el borde y no por casualidad, nuestro sur.
Lo indio, lo mozárabe hispano y lo castellano, están en
la presencia
mestiza que somos, tensión trágica que danza en el borde
físico de la ciudad
y en el borde cultural de Occidente.
Somos del Barranco.
(No quiero apoyarme en el lenguaje de la técnica que tan vapuleada
está.
Quiero apelar al lenguaje de la sensibilidad y por eso, esta misma mañana
he
tomado las fotografías que voy a mostrarles para que en la retina,
lo
concreto de la vida no sea sustituido por lo abstracto de las
argumentaciones tecnocráticas.
Por favor, miremos en silencio.)
El único objetivo de mi presencia en este mesa redonda, es contribuir
a la
preservación y conservación de este bien cultural no renovable.
Lo que
diga, desearía que sea tomado como un gesto de amor a nuestra ciudad
y al
patrimonio de sus gentes.
El sedimento y la experiencia que ha dejado el mestizaje se plasmó
también
en lo urbano y arquitectónico de nuestra Cuenca.
Mucho hemos destruido, pero algo queda. Sobre todo, en esta visión
que
llamamos Barranco, tan espontánea y por eso mismo, tan en el aire
de la
libertad.
Ver El Barranco es pensar en una antiarquitectura que ha surgido no para
aparentar, sino casa adentro, en el relajamiento propio de quien piensa,
siente y dice las cosas para sí mismo, y que por eso mismo no se
miente ni
se engaña, ni se presta al espectáculo.
Por esta razón pienso que El Barranco es una clave para vernos
como somos
los morlacos, unas gentes que asomamos al mundo como un peculiar accidente
de la historia y que, por esos extrañísimos olvidos de la
muerte, aquí
seguimos, riendo o llorando al borde, mientras el río no deja de
pasar.
Este paisaje que hoy nos convoca no niega su ancestro indio. Masacrado,
y
quizás por eso mismo, sigue allí, presente en Pumapungo,
mostrándonos sus
huesos de piedra como dedos acusadores contra quienes les echan cemento,
o
como dedos que se levantan porque van a hablar y decir lo suyo.
Paisaje que tampoco olvida sus resonancias mozárabes, esas que
fijadas en
la retina a fuerza de convivir con el horizonte sahariano, castellano
y
andaluz, nunca pensaron en elevarse por sobre la línea en la cual
el cielo
y la tierra parece que se unen.
La fidelidad a ese perfil y la sátira a esa ilusión nos
recuerdan nuestra
humanidad, nuestra definitiva distancia con las alturas, nuestra soledad,
y
por eso también la posibilidad de nuestra radical libertad.
Sobre esta visión o paisaje a la cual he aludido, hoy se ciernen
más
nubarrones que bendiciones.
En palabras de la UNESCO, podría decirse que es un bien en peligro.
La amenaza viene desde esa globalización que quiere sacrificar
la memoria en
el altar dolarizado de las ganancias, del consumismo turístico
y el
espectáculo alienante.
Sus avanzadillas ya asoman como salteadores en descampado. Las negras
fachadas de vidrio ya anuncian el teleférico, mientras el neón
de colores
anuncia la llegada del cabaret y del casino. Ya llegará la hora
del galeón
de plástico, del túnel del amor o de la casa de la mujer
barbuda...
La creciente mancha de la nada, del no-lugar, ya han generado en Cuenca
ambientes anónimos y edificaciones horrorosas para apropiarse de
lo concreto
y lo particular de la vida, de nuestra vida.
La empresa privada y la pública lo saludan.
El Barranco de Cuenca no necesita ser convertido en símbolo emblemático
de
la ciudad, como se quiere argumentar. Ya es nuestro símbolo sin
necesidad de
que nadie lo diga. El Barranco es un paisaje potente por su historia y
por
la particular espontaneidad con la cual se ha dado la luz y a la mirada.
Su
potencia en las almas morlacas es un factor que convoca no la identidad
sino
la diversidad, en el sentido de que en él se proyectan las múltiples
lecturas del pasado y las diversas presencias y, también desde
él, alzan el
vuelo los más variados deseos.
Barranco, monumento de lo múltiple, jardín de senderos que
se bifurcaban en
la madrugada de mi adolescencia y que me habló de las infinitas
posibilidades que nos da la vida.
Los nubarrones que han asomado y que ya se ven desde este borde cuando
volteamos la cabeza al norte, vienen rápidos, parecen impulsados
por las
turbinas del desarrollo y del turismo.
Porque, se dice que es el turismo el fin principal que llevó a
la UNESCO a
declarar a ciertas urbes como Patrimonio de la Humanidad. Esta pequeña
comprensión no deja de ser un malentendido que podría acarrear
malas
consecuencias y que por ello debe ser desvirtuado. Reducir a esto la
decisión de la UNESCO podría atraer con precisión
digital a esos nubarrones
para que descarguen aquí y de manera quirúrgica su lluvia
ácida.
La razón por la cual la UNESCO hizo la declaratoria que nos honró
se basa,
debo recordarlo, sobre todo en la importancia de nuestra memoria cultural,
de esa que ha configurado una herencia tangible, sensible, que alienta
la
esperanza de los hombres y las mujeres en la humanidad, esto es, en la
libertad.
El turismo en el tiempo de la globalización, así se le ponga
adjetivos
honorables, es un negocio, y como tal, tiene prioridades diferentes a
las
culturales, ecológicas y vitales, de los pueblos del mundo. Entre
ellos,
nosotros.
Al respecto, recordemos las opiniones internacionales cuando en el gobierno
de Febres Cordero uno de sus entusiastas ministros quiso hacer de las
Galápagos un emporio hotelero ³ecológico².
¿Yo pregunto si acaso será nuestro triste destino como ciudad
y como
cuencanos el ser destino turístico, tal y como se deduce del documento
guía
con el cual se quiere fundamentar la intervención física
en El Barranco?
Cuando hace algunas semanas en la primera página del diario El
Comercio un
titular decía que la ministra de turismo de Lucio Gutiérrez
está vendiendo
el país en Nueva York, yo sentí vergüenza, porque parece
que ese es el
vientecillo que ya sentimos en la cara ante la visión de esos nubarrones
a
los cuales me he referido.
Creer que estamos para deleite de los turistas es una subestimación
que cada
uno es libre aceptar o no, pero creer que nuestro patrimonio urbano tiene
ese mismo fin, tal y como se deduce del documento MEGAPROYECTO EL BARRANCO
DE CUENCA aprobado por la Municipalidad, no es, ni de lejos, el mejor
homenaje a nuestros antepasados y a nuestra experiencia histórica.
Frente a esto, pensamos que lo fundamental es ser nosotros mismos, no
ser
como los otros y peor ser para el consumo turístico de los otros.
Estamos aquí porque el Municipio de Cuenca se ha empeñado
en impulsar la
intervención física en El Barranco y en sus zonas aledañas,
y porque tiene
ya propuestas concretas que modificarán sustancialmente el conjunto.
Yo
invito a sus personeros a reflexionar sobre semejante paso porque no se
trata de una obra nueva cualquiera, sino de la intervención en
un hecho
cultural único y no renovable.
Ante la propuesta de intervenir en El Barranco pienso que debemos acogernos
a las orientaciones de la UNESCO que exige a las ciudades Patrimonio de
la
Humanidad actuar, en cuanto a su política urbana, conforme a un
Plan de
Manejo de los bienes confiados a nuestro cuidado.
El Barranco, es un bien demasiado grande como para dejarlo en manos de
funcionarios que mañana no estarán, o de fundaciones que
se han armado a
propósito de una decisión ya tomada, o de entusiasmos más
o menos
profesionales que quieren probar fortuna.
El Barranco, pienso que debe ser manejado preservando y cuidando sobre
todo
su originalidad y su autenticidad, como resultado de la educación
y el
consenso ciudadano, público y democrático.
Si para esto es necesario que se modifique lo programado para realizar
las
inversiones que quieren realizar en dicho sector, pues que se lo modifique.
Su dueña, desde siempre y para siempre, la sociedad, quizás
tiene el derecho
a tomarse todo el tiempo que el buen gusto y la moderación señalen
para
resolver sobre algo que le ha costado miles de años lograrlo.
Esta decisión, no puede estar condicionada a los informes urgentes
ni
perentorios de funcionarios de tesorería municipal que suelen lamentar
la
pérdida de las partidas no gastadas, en éste caso del 25%
de no sé qué
impuesto. La plata, estimados amigos, plata no más es, pero el
Barranco,
una vez perdido, ningún 25%, así sea del presupuesto del
ejército de los
Estados Unidos, podrá volverlo a comprar.
Apelo a la sensibilidad del Señor Alcalde y del Señor Concejal
aquí
presentes para que permitan la apertura de un período de discusiones,
consultas y debates públicos sobre El Barranco, antes de pensar
siquiera en
ningún concurso de ideas que como en éste caso ya tienen
la intencionalidad
de crear las condiciones para la intervención física.
¿Qué legitimidad podemos esgrimir ante el mundo y ante nuestros
hijos para
echar mano a El Barranco de Cuenca?
¿Qué argumentos convincentes se han presentado a la ciudadanía
y al mundo
para justificar dicha intervención?
¿Qué mecanismos de consulta nacional e internacional han
permitido que los
cuencanos y quienes aman los bienes culturales de la humanidad se pronuncien
al respecto?
Por favor, si tanto se ama al río y a El Barranco, se podría
comenzar
limpiando el río y sus riveras, poniendo personas que cuiden de
que no se
arroje basura en su cauce, quitando esos focos que en las noches crean
una
escenografía de película de suspenso panameña, podando
el césped, dando
asistencia humanitaria a los chicos abandonados que duermen bajo sus
puentes, poniendo guías turísticos amables... en fin, si
la municipalidad
desea hacer algo por El Barranco, es cuestión de empezar por lo
inmediatamente racional y aliviar su situación que en ciertos aspectos
está
deteriorada y amerita arreglos.
Con ese 25% del cual tanto se habla, se puede crear un fondo para ayudar
a
los propietarios al mantenimiento de los inmuebles del lugar. Exonérenles
de
impuestos, rebájenles las tarifas escandalosos de luz, agua potable
y
teléfono...
Por ahora, y mientras la sociedad morlaca se pronuncie, a las autoridades
y
a quienes tienen algún poder sobre éste bien cultural no
renovable, solo les
está permitido velar celosamente por su mantenimiento físico,
esto es, de
los elementos que le confieren originalidad y autenticidad.
Si eso logramos, será mucho más provechoso para Cuenca,
que el teleférico
que se nos ofrece, los reflectores de colores, las tarjetas de navidad
y los
anuncios de dudosas inversiones y rentabilidades.
Yo deseo que en este caso se actúe con la sensibilidad y el buen
sentido a
fin de no atribuirse más funciones que la cortesía y la
confianza de los
cuencanos ha depositado en los personeros municipales. Y yo les deseo
también que nadie les recuerde como los causantes de una intervención
irreparable al patrimonio urbano de la humanidad y de que sus gestiones
sean
en todo caso para el bien de Cuenca.
Pido que la más amplia discusión sobre el tema vaya definiendo
al grupo
abierto y renovable que deberá conducir este proceso.
Pido que la Municipalidad de Cuenca, abra ese espacio de discusión
de manera
pública, democrática y civilizada.
Pido que El Barranco vaya al foro de la ciudad y al foro de los corazones
múltiples de la morlaquía, la cuancanidad y el mundo.
Muchas gracias, amigas y amigos.
En Cuenca, Patrimonio de la Humanidad,
23 de mayo del 2003

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