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DEVOLVER
LAS COSAS A SU ALTURA |
Antoni Gaudí es uno de los valores arquitectónicos más importantes de Barcelona, motivo de atracción de más de un 30 % de su turismo, motivo por el cual debería mimarse la conservación de sus obras para asegurar la continuidad de esta fortuna con que cuenta la ciudad. Actualmente se están efectuando obras de reconstrucción y rehabilitación en el edificio del Paseo de Gracia 41, chaflán con la calle de Aragón 274-276, vecino de la Casa Batlló de Antoni Gaudí y de la Casa Amatller de Josep Puig i Cadafalch, las dos Bienes Culturales de Interés Nacional y la primera Patrimonio de la Humanidad. Originariamente los frontones de las dos fachadas modernistas sobresalían en el perfil visual de la manzana de una manera aislada y airosa que ensalzaba su extraordinaria calidad artística. En cambio, dado que la casa del chaflán en obras sobrepasa en cuatro plantas a la Casa Batlló, se produce una insoportable agresión visual que los empequeñece y los desvalora con su volumen excesivo y vulgar. Además se han aprovechado las obras actuales para recrecer unos 80 cm. la altura del edificio clandestinamente. Dado que la Generalitat de Catalunya estableció el 2005 una delimitación de entorno de protección de la Casa Batlló y la Casa Amatlller en la que está incluida la mencionada casa gigante del Paseo de Gracia 41, es incomprensible que continúen las obras como si una agresión tan patente no existiera. En efecto, consentir, un disparate tan gordo en el corazón de la ciudad y en la más significativa manzana modernista del Ensanche, reconocida popularmente como la Manzana de la Discordia, es una cuestión de importancia capital que debería avergonzar, en primer lugar, a las administraciones encargadas de velar por la conservación del patrimonio catalán, y en segundo lugar, a todos los barceloneses por la incapacidad de defender sus monumentos. Cuestión que se agrava si tenemos en cuenta que la Casa Batlló es uno de los edificios más valorados internacionalmente, como lo demuestra a diario la concentración de visitantes ante su fachada, la más visitada que ningúna otra de Barcelona, después de la Catedral y la Sagrada Familia. La solución justa al problema planteado la ha dado la Real Academia de Belles Arts de St. Jordi con la propuesta formulada al Ayuntamiento de Barcelona de expropiar las cuatro últimas plantas del edificio en cuestión del Paseo de Gracia 41 para restablecer su altura primitiva. Esta está fijada y bien resuelta por Gaudí con la entrega de su cornisa con la Casa Batlló y que todavía se conserva en espera de volver las cosas a su altura, como la única solución digna al disparate cometido. En cambio, efectuar soluciones a medias como es evitar
el aspecto más aparatoso de la agresión de la pared medianeria
de la casa en cuestión que corta la artística chimenea recubierta
de colores de la Casa Batlló, es una manifestación de la
impotencia que nos caracteriza.
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